El Forat de la Mar y el Arrabal forman uno de los rincones con más historia y encanto del casco antiguo de Calpe. Este singular paso abierto en las antiguas murallas permitió la expansión de la villa más allá de sus límites defensivos, dando origen a uno de los barrios más auténticos y pintorescos del municipio.
El Arrabal, de origen morisco, se caracteriza por sus estrechas calles empedradas, sus pronunciadas cuestas y sus tradicionales casas blancas. Pasear por calles como Puchalt, Pescadores o San Roque es descubrir la esencia más mediterránea de Calpe, entre fachadas llenas de color, miradores y rincones cargados de historia.
Junto al Forat de la Mar se desarrolló durante siglos una importante actividad marinera. Desde este punto, los patrones de pesca observaban cada madrugada el estado del mar antes de decidir si las embarcaciones podían salir a faenar, convirtiéndolo en un lugar fundamental para la vida cotidiana de los pescadores calpinos.
La cercana Plaza dels Mariners recuerda todavía esa estrecha relación entre Calpe y el mar. Antiguamente, este era el acceso natural que utilizaban los vecinos para dirigirse desde sus viviendas hasta la costa, reforzando el papel del Forat de la Mar como puerta de conexión entre la villa y el Mediterráneo.
Hoy, el Forat de la Mar y el Arrabal constituyen una visita imprescindible para quienes desean conocer el pasado de Calpe. Su combinación de patrimonio histórico, tradición marinera y belleza urbana convierte este enclave en uno de los lugares más fotografiados y con mayor personalidad de la localidad.